jueves, 27 de junio de 2013

EL PEREGRINO DE LA FE


 
 
Odilon Redon ( 1840 –  1916). Pintor francés. Parsifal.



Yo gustaba de perderme en la isla pobre, ajena del camino usual. Descansaba en los cementerios inundados de flores silvestres, en el ámbito de las iglesias de madera.
        Mi pensamiento se desvanecía a la vista del cielo de ámbar y de una serranía azul.
        Yo rompía al azar la flora voluble de los prados. El iris mágico de una columna de agua aturdía la serie de mis caballos imprudentes.
        El sol fortuito invertía las horas de la vigilia y del sueño, presidiendo el Fausto de una latitud excéntrica.
        Los ríos verdes ocupaban un cauce de cenizas. Merecían el privilegio de llevar al océano el ataúd de una virgen desconsolada.
        Yo recliné la cabeza en una piedra, compadeciendo la frente proscrita de Jesús, y dormí en una colina sobria, en donde crecía una maleza perfumada, cerca del blando tapiz del mar.
        Yo disfruté, en el curso de la noche plácida, las visiones reservadas a Parsifal y recibí, antes del alba, el mandamiento de alejarme en silencio.
        Un prócer de la corte celeste, favorecido con el semblante y la sabiduría de un San Jerónimo, me esperaba a breve distancia en el barco del pasaje y lo dirigió con la voz.



De: El Cielo de Esmalte



José Antonio Ramos Sucre

lunes, 24 de junio de 2013

DUELO DE ARRABAL




 
Cristina García Rodero (1949). Fotógrafa española.






En la pobre vivienda de suelo desnudo, alumbrada con una lámpara mezquina, las mujeres se congregaron a llorar. Fuertes o extenuadas alternativamente, no cesaban los trémulos sollozos, palabras ahogadas y confusas escapaban de los pechos sacudidos, gestos de dolor suplicaban a los cielos mudos. En torno de un pequeño ataúd crecía el clamor y llegaba al delirio; contenía el cuerpo de un niño arrebatado por la muerte a la vida de arrabal. Hacia un rincón estaban reunidos en haz los juguetes recién abandonados, junto a los pobres útiles de industrias femeninas, y, en irónica ofrenda a los pies del Crucifijo, las drogas sobre la mesa descubierta. Nobles sacrificios fracasaron en resguardo de su vida: el consumo del ahorro miserable, los días de zozobra, las noches de vigilia. Aquel día, cuando la oscuridad prosperaba hasta en el ocaso tinto de sangrante sol, vino la muerte al amparo de las sombras leves y benignas, con fría palidez sellando su victoria.
        Vino a aquella mansión, como a otras muchas; un mal tremendo, como aquel que de orden divina diezma los primogénitos de Egipto, apenas dejó casa pobre sin luto. Por su influjo tuvieron de cuna el seno de la tierra innumerables niños, despedidos por coros gemebundos, lamentados con llanto breve y clamoroso, el llanto de quienes en la vida sin paz tienen peor enemigo que la muerte.
        Siguiendo el general destino de los tristes que, con la urgente pobreza, desconocen el deleite del recuerdo lloroso, los dolientes de la pobre vivienda, alumbrada con una lámpara mezquina, también se lamentaron con desesperanza pasajera. Las voces roncas gimieron hasta la partida del pequeño cadáver; pero el olvido, ante el esperado afán del día siguiente, hizo invasión con el sosiego de la primera noche augusta y encendida.



De: La Torre de Timón



José Antonio Ramos Sucre

DISCURSO DEL CONTEMPLATIVO




Auguste  Rodin (París,  1840 - Meudon, 1917). El Pensador, 1902. Escultor francés. Fotografía de
Edward Steichen ( 1879–1973). Fotógrafo estadounidense.




     Amo la paz y la soledad; aspiro a vivir en una casa espaciosa y antigua donde no haya otro ruido que el de una fuente, cuando yo quiera oír su chorro abundante. Ocupará el centro del patio, en medio de árboles que, para salvar del sol y del viento  el sueño de sus aguas, enlazarán las copas gemebundas. Recibiré la única visita de los pájaros que encontrarán descanso en mi refugio silencioso. Ellos divertirán mi sosiego con el vuelo arbitrario y el canto natural; su simpleza de inocentes criaturas disipará en mi espíritu la desazón exasperante del rencor, aliviando mi frente el refrigerio del olvido.

          La devoción y el estudio me ayudarán a cultivar la austeridad como un asceta, de modo que ni interés humano ni anhelo terrenal agravará las alas de mi meditación, que en la cima solemne del éxtasis descansarán del sostenido vuelo; y desde allí divisará mi espíritu el ambiguo deslumbramiento de la verdad inalcanzable.

     Las novedades y variaciones del mundo llegarán mitigadas al sitio de mi recogimiento, como si las hubiera amortecido una atmósfera pesada. No aceptaré sentimiento enfadoso ni impresión violenta; la luz llegará hasta mí después de perder su fuego en la espesa trama de  los árboles; en la distancia acabará el ruido antes que invada mi apaciguado recinto; la oscuridad servirá de resguardo a mi quietud; las cortinas de la sombra circundarán el lago diáfano e imperturbable del silencio.

      Yo opondré al vario curso del tiempo la serenidad de la esfinge ante el mar de las arenas africanas. No sacudirán mi equilibrio los días espléndidos de sol, que comunican su ventura de donceles rubios y festivos, ni los opacos días de lluvia que ostentan la ceniza de la penitencia. En esa disposición ecuánime esperaré el momento y afrontaré el misterio de la muerte.

      Ella vendrá, en lo más callado de una noche, a sorprenderme junto a la muda fuente. Para aumentar la santidad de mi hora última, vibrará por el aire un beato rumor, como de alados serafines, y un transparente efluvio de consolación bajará del altar del encendido cielo. A mi cadáver sobrará por tardía la atención de los hombres; antes que ellos, habrán cumplido el mejor rito de mis sencillos funerales el beso virginal del aura despertada por la aurora y el revuelo de los pájaros amigos.




De: Trizas de papel (1921), contenido luego en La Torre de  Timón.



José Antonio Ramos Sucre

sábado, 22 de junio de 2013

CARTA DE JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE A SU HERMANO LORENZO (OCTUBRE DE 1929)






José Antonio Ramos Sucre (Cumaná, 9 de junio de 1890- Ginebra, 13 de junio de 1930). Poeta, educador y diplomático venezolano.





Caracas, 25 de octubre de 1929

Señor Lorenzo Ramos Sucre,

agente del Banco de Venezuela

Maracay

Fiel Lorenzo:

        Empiezo por decirte que Federico está pensionado por el Estado Sucre y que él no se aplica a los estudios. Es un hombre de sociedad y nada vulgar. Un joven tan alegre no habría surgido jamás en el presidio de casa. Observa la diferencia. Luisa puede ser hostil con los extraños, pero no desespera a sus hijos y lo ves en los casamientos de sus hijos. Por otra parte, la presencia bonancible de Ramón neutraliza la melancolía y severidad que pueda haber en Luisa. Yo no creo en severidad, mal humor, irascibilidad: yo no señalo sino crueldad y vulgaridad.
        Tú sabes que la escasa resistencia que ofrezco a las enfermedades no vienen sino de un sistema nervioso destruido por los infinitos desagrados, discusiones, maldiciones, desesperaciones y estrangulaciones que me afligieron.
        Carúpano fue un encierro. El padre Ramos ignoraba por completo el miramiento que se debe a un niño. Incurría en una severidad estúpida por causas baladíes. De allí el ningún afecto que siento por él. Yo pasaba días y días sin salir a la calle y me asaltaban entonces accesos de desesperación y permanecía horas llorando y riendo al mismo tiempo. Yo odio a las personas encargadas de criarme. No acudí a papá por miedo. El P. Ramos era una eminencia y yo no era nadie, sino un niño mal humorado. La humanidad  bestial no veía que el mal humor venía de la desesperación del encierro y de no tener a quien acudir. Yo temía a papá, quien era atento con Trinita y no conmigo. Ya ves cómo se vino elaborando mi desgracia. Suponte que yo era regañado por el Padre Ramos y regañado por la plasta de mierda de Martínez Mata porque retozaba con los niños de mi edad, a los once años, en la plaza de Santa Rosa. Es decir, yo era regañado por un acto impuesto por la pedagogía anglosajona hace tres siglos y defendido celosamente por la policía anglosajona. Habla con personas que conozcan a Inglaterra y los Estados Unidos.
        Al salir de ese presidio de Carúpano, circuito del infierno dantesco, pude salir a la calle, pero la tiranía era más severa aunque de nueva forma. Incurría en el enojo de Rita Sucre por actos de falta de atención o de fatiga de la atención y estas escenas eran tremendas y duraban meses. No podía aplacarla a pesar de mi docilidad nativa. Yo me creía obligado a dar el ejemplo de la honestidad y sólo conseguí ser un hipócrita, un mentiroso.
        Creo en la potencia de mi facultad lírica. Sé muy bien que he creado una obra inmortal y que siquiera el triste consuelo de la gloria me recompensará de tantos dolores.
       
Lorenzo Ramos Sucre, hermano del poeta.
Tú supondrás si con tales antecedentes puedo yo resistir una infección imperecedera como la amibiasis. El desequilibrio de mis nervios es un horror y sólo el miedo me ha detenido en el umbral del suicidio. Uno no hace lo que quiere sino lo que le permiten las circunstancias de herencia, educación, salud o enfermedad corporal, etc. Nuestros actos son involuntarios y hasta irreflexivos.
        Ahora, yo observo que yo era más vivo que mis contemporáneos y que ellos sólo me superaban en tener hogar sedante y tolerante. Yo he sido querido, admirado, compadecido por bellísimas mujeres. Naturalmente, no he abusado de su bondad. María del Rosario Arias habló conmigo una sola vez, antes de venirme para Caracas y me recordaba afectuosamente por ese único motivo. Se asombró de mi humanidad y amenidad al conocerme.
        Yo no recuerdo a José Antonio Yépez. Salúdalo con mucha cordialidad en mi nombre. Dolores Emilia está muy satisfecha de ti y de tu gente.
        Los juicios acerca de mis dos libros han sido muy superficiales. No es fácil escribir un buen juicio sobre dos libros tan acendrados o refinados. Se requieren en el crítico los conocimientos que yo atesoré en el antro de mis dolores. Y todo el mundo no ha tenido una vida tan excepcional. Solamente Leopardi, el poeta de la amargura. Alguien ha apuntado ya mi semejanza con el lírico y filósofo italiano. Lírico es el que habla de sus propias emociones.
        Antier estuvo por aquí la importante Gladys, mi sobrina perfecta. Creo que no se fue descontenta.
        Conserva tu salud y compra una casa en Caracas.

        Te abraza tu hermano,



J.A.R.S